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El universo de la cultura en la década del 50 magistralmente contado por Ernesto Goldar


Del libro de Ernesto Goldar “Buenos Aires: vida cotidiana en la década del 50”, reproducimos el Capítulo VIII: El lenguaje

2010-02-04
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Ernesto Goldar
“Buenos Aires: vida cotidiana en la década del 50”
Editorial Plus Ultra, 1992.


Capítulo VIII: El lenguaje



EL LENGUAJE


Para la época en que escribimos este punto –invierno de 1978- es posible registrar unas cuantas expresiones en el lenguaje de Buenos Aires que usaron con naturalidad los porteños de la década de los cincuenta y que han dejado de decirse. Se trata de un dialecto que pasó, aunque es posible que algunos argentinos, fijados culturalmente en esos años, busquen todavía en esas representaciones maneras de comunicarse en el presente. Dejamos a la astucia filológica la valoración de esas frases, nacidas de programas radiales, de las aventuras de amor y del sexo, de la amistad, el ajetreo político, el barrio, la prensa, la moda, el comercio, la tecnología, el delito y la metafísica de la vida cotidiana. Esas palabras, ese idioma pasajero y no escrito es, por lo general, “una viciosa turbamulta de sinónimos” –como dijo Borges (Jorge Luis Borges, José E. Clemente, El lenguaje de Buenos Aires)- surgido de una atmósfera histórica típica y de la connotación diferenciada, irónica, agresiva o cariñosa, que se da a determinadas palabras, generando formas singulares en el diálogo verbal de Buenos Aires.
Veamos algunos ejemplos:
Tratándose de problemas culturales, los porteños están de acuerdo con que la gente cuando dispone de medios manda los chicos al “colegio pago” (ahora se dice privado), ya que es necesario para no ser un “atrasado”, “estar en la pomada”. Por radiofonía, un personaje interpretado por Mario Fortuna, el Ñato Desiderio, asegura que para progresar hay que ser “curto”, instigando a los iletrados a que “agarren lo libro que no muerden” y “lo tomo que no dentellan”. Para no rezagarse hay que ir al cine a ver una “cinta” de algún “cinematografista” sobre el argumento del “consagrado” escritor Manuel A. Meaños y con la participación del “cotizado galán” Jorge Salcedo. En el cine (ya no se dice “biógrafo”) también puede verse el “noticiario” y, en algunos, como el Novedades, de la calle Florida, un programa de “actualidades”. Quienes quieren situarse en el porvenir leen “historietas de futuro”, “fantaciencia” o de “ficción científica”, pues para ser “moderno” deben “amenizarse” las reuniones con “cosas futuristas” y escuchar música “de ahora” por el “afiatado” conjunto de Vieri Findanzini. Hay que ver “cuadros libres” (teatros independientes) y hacer “pan francés” cuando el espectáculo tarda en comenzar. Se sabe que los “jóvenes modernos” han asumido el “compromiso” existencialista con la sociedad, según las enseñanzas del “nunca bien ponderado” Jean Paul Sartre, pero aquello que más inquieta de “la juventud de hoy” es el “bamboleo” frenético del rock, exceso que requiere “mesura”.
Además de las miraditas, gestos y mejilla a mejilla de los boleros, el amor tiene su lenguaje propio. Todo lo relativo a romances y consecuencias es posible llamarlo cuestión o problema “de polleras”, como si los hombres nada tuvieran que ver en la aventura. Las “pibas” deben cuidarse de los “tiburones”, que atacan a cuanta mujer se les pone a diente, pues lo correcto es que el “pretendiente”, considerando el “gracejo”, la belleza y sobre todo el “no sé qué” de la piba, resuelva “declararse” para “formalizar” el noviazgo. Las cosas pueden marchar “viento en popa” cuando él es un “encanto de hombre” con “modales” que “ni una niña”, y no un “petiso mal hecho”. La declaración de amor es bien simple; él debe preguntar: “¿te querés meter conmigo?, y si ella acepta, están “metidos”. Los jóvenes deben cuidar, por su parte, que ella no sea una “mosquita muerta”, de las que simulan pudor y más de una vez se las ha visto “chapar” en el cine.
Al desarreglo del sexo incitan las “bombas” (chicas de muy lindo cuerpo), los “bombones”, los “budines” o “budinazos”, especialmente las “buenas mozas”, “coquetas” y de “cascos” (por cascos ligeros o casquivanas). Son “churros” (acepción que se aplica también a los hombres) las chicas “despampanantes”, las “cintura de avispa” a lo Divito y las “vamps” tipo Marylin y B.B., por tener “it”, “oomph” o “sex-appeal”, según anuncia la terminología holliwoodense. El terror de las señoras casadas son las “mujeres de vida airada”, las “vampiresas”, “bataclanas” y “rubias oxigenadas” que habitan la zona del centro y pueden hacerle perder la cabeza al marido. En la vida sexual prohibida se habla de “tirarse con” (por acostarse) en una “amueblada”, “mueble” o “clandestino”, y tratándose de quien pasó los treinta y burló el asedio doméstico, se conoce como “tirar la chancleta” a la esporádica liberación de las contenciones sexuales. El que desea mayor regularidad puede ponerle departamento a una “querida” (por amante). El espacio del sexo se pone tenso cuando se desliza la historia de una chica que comenzó dejándose “tocar” (permitir llegar las manos del novio a zonas erógenas) y quedó de “encargue” o “gruesa”. Una palabra peyorativa para una mujer es llamarla “yegua”, y es sórdido echar a rodar el rumor de que está “cosida”, procedimiento que se usa para borrar rastros de relaciones sexuales prematrimoniales.
Lo que está de moda es el “esplendor” de la moda; las prendas son de “gran boga” o “en boga”, particularmente si se refiere a tonos y colores, ya que el “grito de la moda” es “la sensación de París”, con sus incitantes “sugestiones” de ropa “del momento” y “actual”. No sólo el “indumento” se atiene al “lujo”, también corresponde que sean “lujosos” los muebles “contemporáneos” y “lujosos” los departamentos de la calle Santa Fe y “lujosos” los automóviles. El “furor” de lo que se usa confiere “cachet”, que proporciona a quien lo exhibe detalles de buen gusto, sofisticación y elegancia. Es decir, el ser “chic”. Para andar “paquete” hay que tener “ropero” de ropa buena y variada, pues si un señor quiere “emperifollarse” (arreglarse mucho) debe disponer de plata en la “cartera” (por billetera). Además, es imprescindible el bronceado “aristocrático” y en el “cabello” una buena “peinada”, pues por llevarlo corto puede quedar como “pelo de carpincho”. Un “paquetón” no usa “jopo”, como los tangueros del barrio. No es necesario que sea un “maniquí vivant” (por lo elegante y distinguido), pudiendo permitirse cierto “negligé” o “sans façon” en la manera de vestir. En invierno se puede poner “tricota” y “echarpe”, y su esposa, si quiere estar “llamativa” tendrá que acostumbrarse a visitar alguna de esas nuevas casas llamadas “boutiques”. En todo momento hay que preservar el “coturno” (indumentaria distintiva de categoría social).
Para agresiones verbales el porteño es experto. Quizá tenga afecto por su compañero de trabajo o el amigo del café, pero al llamarlo lo despersonaliza, lo destruye como ser humano: “¡Che, coso!”, que suena a cosa. De las palabras puede pasar a los hechos, cuando advierte a quien lo está cansando que le va a “llenar la cara de dedos” (“te enyeno la cara de…”), aunque no es válido pelearse con los que están en inferioridad de condiciones: los “chicatos”, los “quatrochi” o “cuatro ojos”, como se señala para burlarse a los cortos de vista que usan lentes. Al considerado pusilánime le gritan: “¡Muerto de frío!” y “¡Perro de agua”!, al embrollado, “cartón”, al lento “bólido” por el personaje de Patoruzú, y al atolondrado, y por extensión a cualquiera que no aparente o realice exactamente aquello que al agresor verbal se le ocurra, se le dice “tarado”, el insulto más representativo de la década. Una combinación ingeniosa de tarado y estúpido es “tarúpido”, deleitándose todavía en zaherir con “zanahoria”, un grosero cotejo que viene de tiempo atrás, equivalente a tonto.
Para humillar se estila la pregunta: “pero vos ¿a quién le ganaste?” o “¿de qué barrio sos que Castillo no te nombra?” en referencia a la canción Cien barrios porteños; si está vestido con un detalle heterodoxo (por ejemplo, vaqueros) corresponde que en la esquina los muchachos griten “¿de qué te disfrazaste?”, en remisión a los excesos permitidos sólo para carnaval. También se interroga irónicamente “¿de qué la vas?”, a alguien que se supone excedido de las normas convencionales. La subestimación por el adversario: “¡pobre de ellos…!” es una frase agresiva que el presidente Perón no desestimó usar. Del reputado infeliz se observa que es “un cacho e’carne”, un “bolsón”; si es aburrido, una “lata” (que ahora se dice plomo); a una situación irreal, falsa, se la connota de “papel pintado”, y a quien está confundido o postula ideas incompatibles con la sobriedad se asegura que tiene “un corso a contramano en la cabeza”. Pero donde la réplica duele, y evidencia el esfuerzo que hace el porteño de los cincuenta por mantenerse separado de los otros, es cuando alguien, queriendo intimar, lo tutea sin su consentimiento. Entonces puede recibir esta contrapregunta, que se hace con la vista baja, alejada del interlocutor: “Dígamé ¿desde cuándo somos parientes?”.
Son arquetipos de la vida cotidiana el “rico tipo”, una suerte de “Vivanco” a quien hay que desconfiarle; el “secante”, temible por lo cargoso; el “boletero”, que vende “boletos” (mentiras), el “cara de ángel”, un ser inocente, ingenuo, como el personaje pequeño y anteojudo que sale en Patoruzú y “el cráneo” (al que a veces se lo toma en sorna), apodo que deviene del programa radial cómico La craneoteca de los genios. Al prototipo, en cambio, cuando se destaca por alguna forma de sabiduría, también se le dice con reverencia “lumbrera”, “eminencia” y “bocho”. Abunda el calificativo de “colifato”, “caso de chaleco” y las preguntas sobre si “se le aflojó un tornillo” o si “está Meshíguene” al que adolece fama de loco o la simula; “repulsivo” al inaguantable, “angurriento” al acaparador y egoísta, y “escorchón” se llama al molesto. Es una “figurita repetida” quien ya no engaña a nadie, un “piojo resucitado” quien tiene aires de grandeza y olvidó su pasado indígena; “viento en contra” el que se opone por oponerse, “carrero” (en una ciudad donde todavía hay tracción a sangre) el que no oculta boca y modales rústicos, “cascarrabias” al malhumorado, “mocoso” o “mocosa” al chiquilín impertinente, y “muchachón” el joven maleducado, a quien no se vacila en “sacar carpiendo”, o en su caso, llamar a la policía para que actúe “sin ningún tipo de contemplaciones”. Quien es “habitual” al estaño y la da al “drogui”, es un borracho “empedernido”; por su parte, un tipo generoso es un “tigre”, y una mujer hábil, que se las rebusca, será una “pantera”. Para retratar un “niño bien” se usa “petitero”, “fifí”, “pituco” y “cajetilla”, vocablos que también se aceptan para designar lugares exclusivos y refinados. Cuando hay que demostrar admiración o nobleza en las cosas que se ofrecen, se estila ponderar que el chalet, departamento o mueble que está en venta es sencillamente “regio”, calificativo que se extiende a una chica vestida de novia (“¡está regia!”), a una puesta de sol (“¡qué regio!”), al agua de la pileta, a una película y a los equilibristas alemanes: “estuvieron regios”. También se emplea para consentir: por está bien, sí, por supuesto, claro, se dice “regio” y en igual medida “lógico”. Un piso, una casa, un artefacto del hogar o un niño, adquieren vehemencia cuando se los dilata con “soberbio”, “fantástico” (“lo más fantástico que hay”) y “divino” (“más divino imposible”). Un vecino que no molesta es “un pedazo de pan”, un señor criterioso que acierta a la polla del fútbol tiene “ojo clínico”. Ana Lasalle es “una exquisita actriz”, una oficina en Corrientes y Suipacha es un “escritorio central” y determinado barrio de Mar del Plata será óptimo para alquiler porque se lo valúa como “el lugar más romántico”.
Cuando un científico, preferentemente médico, conmueve con algún descubrimiento, los porteños dictaminan que el sabio es un “portento”: ahora, tratándose de obras de arte, corresponde exclamar entre suspiros: “¡Qué profundo!”, “muy profundo” o “¡qué profundidad!”. Si un asunto es de solución difícil se exclama “¡a la perinola!” y para denotar peligro o cuidado, “¡a la pelotita!”, expresiones tomadas de un personaje de La Revista Dislocada que imita a un vendedor callejero. “Macanudo” viene de antes, y se sigue utilizando por “de acuerdo”; “tamaño baño” (medida mayor ofrecida por Jabón Palmolive) vale para indicar algo grande, que tratándose de una pelea puede degenerar en “un lío de la Madona”. Para finalizar con las expresiones admirativas, convengamos que nadie duda de que los Globe Trotters son “fenomenales” y que Fangio ganó “en gran forma” y sin hacer “escombro”, por aspavientos. Cuando una discusión se anima demasiado y alguien se pone terco y hace hincapié en cuestiones secundarias, se lo para con: “Mirá, ponele hache (“o llamálo hache”) pero no lo negués", y si la noticia que se le va a dar es de tal contundencia informativa que puede desmoronarlo se previene: “¡Caete!”, por “agarrate fuerte que te vas a caer”.
La realidad política genera un lenguaje abundoso que impregna la vida diaria. Hay quienes hacen política sin quererlo. Por ejemplo, si usan, ya entrados los cincuenta, “Unión Telefónica” (U.T.), la denominación antigua y no Teléfonos del Estado (T.E.), es un hecho político pues se olvidan de los teléfonos nacionalizados, acontecimiento al que el peronismo da una relevancia cardinal. En el país -1950- hay 17.180.000 “almas” (por habitantes) que se dividen en grupos antagónicos. Los opositores al gobierno son los “contreras”, que se agrupan en una nominación genérica, “la contra”. Según el oficialismo, estos señores son “oligarcas” (aunque sean obreros ferroviarios), “vendepatrias”, “chupacirios” (desde la crisis con la Iglesia) y “saboteadores”, cuya ocupación es pulular “rumores” y fabricar, cuando menos una vez por semana, un “complot”. Algunos tienen la desgracia de ser “sindicados” de comunistas, especie destinada a “catequizar” desprevenidos. El partido oficial, que tiene el apoyo de los “descamisados”, “los grasas” y de todos “los compañeros y compañeras”, confiesa que “hay Perón para rato” y llama al pueblo a congregarse en “las unidades básicas” donde se escuchará una “clase magistral” que el Presidente dará en el “comando estratégico”.
La oposición, por su parte, piensa que los oficialistas son todos “acomodados” que hacen “demagogia” y apelando a la etnografía y a la demagogia observan que el oficialismo está compuesto por “negros” y “pajueranos”. A los que llegan del interior se les dice “cabecitas negras”, y una de las representaciones que genera más gracia en los círculos opositores es llamarlos “veinte y veinte”, dado sus hábitos de tomar un vaso de vino (cuesta 20 centavos) acompañándose con un disco de su cantor favorito, Antonio Tormo, que en la Wurlitzer cuesta otros veinte. Los acontecimientos de 1955 ponen de moda “gorila”, palabra tomada de La Revista Dislocada; al gobierno anterior se lo designa “régimen depuesto” y a sus partidarios, “adictos al tirano prófugo”. En este período se advierte una nueva jerga política, donde cualquier hecho es pasible de una “comisión investigadora”, o de una “mesa redonda”, siempre que no suceda “ni un minuto antes ni un minuto después”. Con el frondizismo desde 1958, el lenguaje se modifica, ahora es “desarrollo”, “integración”, y algo que gusta a pocos, “austeridad”, con la zozobra de “planteos” institucionales y automóviles para “uso oficial exclusivo”. Gobierne quien gobierne, el balcón de la Casa Rosada, sobre la Plaza de Mayo, es ocasión para un acto público y para que oradores y correligionarios “se confundan en un abrazo”.
La vida cotidiana se extiende a las relaciones inmediatas con vecinos y amigos. Es posible en los fines de semana trasladarse a “clubs” (por clubes) o ir de “camping” (por campamento) y los que gustan bailar en intimidad, van “a Olivos”, que significa ir a boites de Olivos (Revien’s, Sunset). Quienes quieren “pellizcar algo” optan por comer en un “bar alemán” y los que prefieren cenar “a cuerpo de rey” van a un restaurante en “pleno” centro, donde, si son varios, se acostumbra a pagar “a la romana”. Quien se precie, debe evitar “boliches” (“no che, esto es muy boliche”, por un lugar poco exclusivo) y también, para rehuir contacto con gente “ordinaria” puede recluirse en alguna casa y hacer un “party” (el que se organiza como “té party”, “coctail party”, “empanada party”, “pizza party”), y “tomar un buen drink”. Así se libra de restaurantes donde hay que “ponerse” con algo más de dinero del que se dispone, porque “uno no es un ricachón como Anchorena” que vive en un “palacete”, ni tampoco está obligado a aguantar al “mozo” (que se llama en voz alta “¡mozo!” y no democráticamente “señor”) cuando por haber pasado la hora óptima para comer hace “borratina” en la lista de platos, y en el final, al arruinar el “broche de oro” de la “velada” con la noticia de la “adición”. A todo el mundo le gusta “ir al buffet”, sobre todo a las señoras, que se liberan por ese día de ciertos “quehaceres domésticos”.
“Ser alguien” equivale a tener status y lo ha logrado aquel que anda en un “bote”: automóvil moderno, “aerodinámico”, “de apariencia futurista”, que hace “sensación” y es la “atracción” del barrio. Si al bote le agrega una casa “hecha un chiche”, vestir y exhibir lo que se tiene como al “desgaire” (ostentando, pero cuidándose en simularlo), se lo considera “gente de pro” (o “gente bien” e incluso “gente de empresa” o “gente que hace”) “bian”, “bienuda”, “fina” y “delicada”, que puede usar expresiones diferenciales. Así le está permitido llamar al almuerzo “almuerzo” y a la cena “comida”, a la esposa o señora “mi mujer”, y al esposo, “mi marido”. La gente bien tiene “predicamento” y saluda en italiano, “addío”. En cambio, los que en el barrio no progresan, si comen o beben mucho enseguida estarán “groggys” (por los boxeadores mareados) y son capaces de quedar “fritos” (dormidos) en la mesa. Estos, en sus conversaciones, no se preocupan por “tener sentido” (buen humor), hablan a los gritos, disputándose por quien lleva la “voz cantante”, insistiendo en esos “¡oiga!” (por escúcheme, atiéndame) y “¡diga!”, para llamar a alguien. Dicen “la” Nelly y “el” Alberto, tienen unos chicos que son unos “bandidos” y siempre están en la mala, como si tuvieran “la escomúnica” (la peste). Los que no demuestran “don de gentes” son los que emplean “¡albricias!” cuando el vino se derrama y “¡manden fruta!” a los parientes, cuando éstos se van de vacaciones.
Un abogado debe tener “escritorio” (por oficina) en el centro; a un médico de barrio se lo considera “médico de cabecera” en numerosas familias de clase media, mientras que la clase trabajadora comienza a acostumbrarse a concurrir al “policlínico”. El comerciante debe cuidarse mucho –hasta 1955- de que lo tilde de “inescrupuloso”, “especulador” y “agiotista”, respetará la “mordida” (coima) que le exijan los inspectores, y si alguien lo apalabra para un negociado sabrá que irá “ana y ana” (mitad y mitad, cincuenta y cincuenta). Las operaciones comerciales debido a la inflación, conviene hacerlas en “metálico”, pagando religiosamente las “fragatas” (billetes de mil pesos) “gambas” (de cien) y “cocineros” (de cinco) hasta el último “níquel” (por centavos). Para no trabajar “en balde” o “de balde”, hay que equilibrar el surtido de mercaderías “flor de ceibo” (de fabricación nacional) y mercaderías “traídas” (traídas de contrabando), pues a muchos les gusta fumar, vestir y beber “a lo importado”. La política oficial de precios es la causante de la baja calidad de los productos, ya que mercaderías que son “un kilo” (no porque pesen 1.000 gramos, sino por su excelente calidad, y por extensión, a todo lo que sea muy bueno: “esa mina está un kilo”, y para indicar grandes cantidades, “para mañana hay que estudiar un kilo”), deben ser puestas en vidriera con el cartel de “todo requeterrebajado”, no faltando aquellos que pretendiendo hacer un regalo “principesco” se quejan al pagar, pues piensan que el comerciante les cobra una “exorbitancia”.
La metafísica –quejumbrosa, irónica- regodea el lenguaje con el tema de la muerte: “y nunca más se supo”, “se hizo bolsa” (en un accidente automovilístico) y “lo hicieron bolsa” (lo mataron físicamente, le mataron el alma). Otro tema amargo es el “esplendor”, esos momentos de gloria del pasado que se designan con “tuvo su cuarto de hora” o “se le acabó el cuarto de hora”, rezongo del que Alberto Castillo, para no perder el estilo, se burla: “pero el plazo se cumplió/por eso te digo ahora/se acabó tu cuarto de hora/y adiós, que te vaya bien”. Todavía se utiliza “esplín” para mencionar la tristeza, el tedio, cuando en las calles “no se ve un alma” y después de sucesivos “infortunios” los porteños dicen “a otra cosa”, como Nelly Panizza en Dock Sur. La dignidad afectada exige, por su parte, un “¡qué cosa seria!”, pues no está bien visto quedarse “fresco como una lechuga”. El tiempo, no el irrecuperable, sino el otro, el de la atmósfera, tiene su lenguaje de época: al día de buen tiempo se le dice que es “un día peronista”, expresión debida al comentarista deportivo Luis Elía Sojit, cuando hace frío, se confirma “¡qué frasquete!”, y en los eneros, como el de 1957, con temperaturas altísimas (43º3) se comenta la “canícula” de la noche pasada.
Los adelantos tecnológicos no impiden que siga llamándose “aeroplano” al avión: si éste es un reactor se lo denomina “avión a chorro” y “fortaleza volante” si es un bombardero norteamericano. Para mantener la técnica al día es imprescindible la refrigeración “poderosa” de la “friyider” (frigidaire, heladera eléctrica), y para poner los discos de Johnny Ray, un “flamante combinado”. En los cincuenta, cuando ya no quieren usarse, se “cortan” la radio, el combinado, o el televisor. Ahora se dice “apagar” para los tres, en virtud del predominio de la imagen televisiva. Además queda “bien” levantar el tubo del teléfono y decir “¡aló!” norteamericanizando la comunicación, poniendo al vesre el hispánico ¡hola!
Las crónicas de policía concentran las mayores antiguallas. Informan acerca de la persecución de “amorales” (por homosexuales), sobre personas que han sido objeto de “timo” (ardides, engaños, como el “cuento del tío”) por delincuentes de “baja catadura moral”, de casillas de emergencias que fueron “pasto de las llamas” y otras malas noticias, aunque los guardianes del orden tranquilizan a la población prometiendo “dar caza” a los cuatro sujetos que armados y con “embozos” atacaron un bar, pues se les está “siguiendo los pasos” para sorprenderlos “con las manos en la masa”.



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Notas > Coyuntura
La Quinta Carta Abierta: Restauración conservadora o profundización del cambio
Se presenta al público y la prensa la Quinta Carta Abierta en la Librería Foro Gandhi el día miércoles 1ero de abril a las 13hs, Av. Corrientes 1743, Ciudad de Buenos Aires

Notas > Entrevistas
“Los libros que no leemos son las palabras e ideas que nos faltan.” Entrevista a Francisco “Teté” Romero.
En el Centro Cultural “Guido Miranda”, Resistencia, Chaco, Patricia Díaz Bialet conversó con Francisco “Teté” Romero, Subsecretario de Cultura del Chaco, acerca de cómo se redistribuye la cultura en el Chaco y acerca de los peligros del analfabetismo cultural.

Notas > Entrevistas
“La copla viene sola. Yo no la busco.” Entrevista a Aledo Luis Meloni.
Uno de los momentos más emotivos durante mi estadía en Resistencia, Chaco, con motivo de la “9na Feria del Libro Chaqueño y Regional”, fue la charla que mantuve con el gran poeta “chaqueñero” Aledo Luis Meloni. Su persona, su modo de decir, su visión de la realidad resultaron ser tan cautivantes y profundos como su obra. Transcribo la charla que mantuve con el poeta en su casa de Resistencia el día 1° de marzo de 2009.

Notas > Coyuntura
Fuerte apoyo a la promoción de autores, libros y editoriales del Chaco
La Provincia del Chaco acaba de aprobar una Ley Provincial de Cultura. Se trata de un gran acontecimiento político cultural. Tendrá un presupeusto importante y permitirá una calidad institucional en la cultura. No sólo contempla la tradicional actividad artístico literaria, sino que tiene en cuenta la cultura de la vida cotidiana y todo el movimiento étnico-cultural histórico del Chaco. Como parte del proyecto de gobierno de la cultura de esta provincia presentamos especialmente un informe sobre la feria del libro regional del Chaco que tendrá lugar durante la última semana del mes de febrero.

Notas > A fondo
Juguetear con las palabras
El poeta y periodista Daniel Freidemberg nos ofrece un análisis sobre los usos de las palabras y la propia lengua como política. Se trata de un artículo para debatir y profundizar conceptos.La simplificación del lenguaje político limita los discursos y la pobreza de los dicursos hace precaria la política. Las consignas y la obediencia debida generan una maquinaria de la militancia que impide la creatividad, la duda, la reflexión. Se pierde de esta forma el sentido crítico de las palabras y de las acciones. Daniel Freidemberg analiza los debates en el sector cultural, la SEA y la carta a los escritores de Jorge Altamira.

Notas > Coyuntura
La tradición filosófica judía y la tragedia de Gaza
Esta mesa redonda se propone examinar los recientes acontecimientos que tuvieron lugar en la Franja de Gaza a la luz de la vasta y compleja herencia cultural de la tradición filosófica judaica.

Notas > Coyuntura
Gaza: Una reflexión y una postura ineludibles
Durante la gran asamblea de la cultura del sábado 31 de enero de 2009 en la Biblioteca Nacional, se aprobó la declaración del Espacio Carta Abierta sobre la situación en la Franja de Gaza

Notas > Coyuntura
¡BASTA DE BARBARIE! ¡PAZ EN MEDIO ORIENTE!
Cientos de firmas fueron convocadas para que se alcance la Paz en Medio Oriente. Agregamos la lista completa hasta el viernes 9 de enero, día en que cerró la convocatoria. La solicitada prevista se editó en Página 12 el día domingo 11 de enero.

Notas > Coyuntura
Javier Villafañe no ha existido nunca
En junio de este año se cumplen cien años del nacimiento de Javier Villafañe. El poeta y amigo Leopoldo Castilla lo trata de localizar en esta nota. Es una búsqueda difícil. El reencuentro es mucho más dificil y casi imposible localizarlo.

Notas > A fondo
El peso de los días
El poeta se pregunta y se responde sobre el sentido de la palabra poética. La relación emocional entre el poeta y su herramienta forma parte de un viaje aéreo cuyo riesgo implica mantener la máquina en el aire y llegar a tierra en el momento justo.

Notas > A fondo
Razones de una supervivencia
Santiago Sylvester nos dice por qué la poesía sigue siendo fundamental para la vida del hombre

Notas > A fondo
Por qué hablamos de Postdictadura 1983-2008
Jorge Dubatti nos ofrece una serie de análisis que nos permiten entender por qué la dictadura se presenta hoy entre nosotros como continuidad y como trauma.

Notas > Coyuntura
Reflexiones acerca del V Festival de Danza Contemporánea en Buenos Aires
Cocoa Datei que representa a los corógrafos argentinos, realiza una serie de críticas a las autoridades del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.

Notas > Coyuntura
La pedagogía del converso
La escuela pública en la ciudad de Buenos Aires sigue sitiada

Notas > Coyuntura
Adiós a José Luis Mangieri, humilde y grande
Quienes trabajamos en las últimas décadas con José Luis Mangieri hemos perdido un gran amigo y un gran compañero

Notas > Coyuntura
Una revista radial de cultura
Hacer una revista radial fue la idea original.

Notas > A fondo
Las políticas culturales
La distribución de los bienes culturales es un tema pendiente del Estado argentino y del propio núcleo social de la cultura

Notas > Coyuntura
Los presentes de Samuel Beckett
La vigencia de Samuel Beckett en la escena contemporánea

Notas > A fondo
Una nueva filosofía de la práxis
Un ensayo donde todos piensan: directores, actores y público. Una aventura colectiva para pensar el teatro moderno. Comentario de Juano Villafañe

Notas > Coyuntura
Un país beckettiano
Pensar la puesta en escena de Fin de partida dirigida y actuada por Pompeyo Audivert y Lorenzo Quinteros es el objetivo del crítico Jorge Dubatti en esta amplia nota sobre el mundo de Beckett

Notas > Entrevistas
"Escribir es un vicio". Entrevista a Alejandro Urdapilleta.
Jorge Dubatti entrevista a Alejandro Urdapilleta, el autor de Vagones transportan humo.

Notas > Dossier
El Descubrimiento - Boletín Nº 5
Las obras de teatro y los libros recomendados por nuestro programa para el mes de junio del año 2007

Notas > Dossier
El Descubrimiento - Boletín Nº 4
El cine y los libros recomendados por nuestro programa durante el mes de febrero del año 2007

Notas > Dossier
El Descubrimiento - Boletín Nº 3
Recomendaciones sobre obras de teatro y libros presentados durante el mes de noviembre del año 2006

Notas > Dossier
El Descubrimiento - Boletín Nº 2
Obras de teatro, libros y producción poética de la cartelera y catálogo editorial recomendados por Patricia Díaz Bialet, Jorge Dubatti y Juano Villafañe durante el mes de octubre del año 2006

Notas > Dossier
El Descubrimiento - Boletín Nº 1
Jorge Dubatti presentó la programación general del III Congreso Argentino de Historia del Teatro Universal

Notas > Coyuntura
El fantasma de la desigualdad educativa
Se anticipa una dinámica que formará engullidores de conocimientos

Ver sumario
Literatura > Críticas
Libros: Comentario acerca de EL ÁRBOL DE LILAS, de María Teresa Andruetto y Liliana Menéndez. Por Nora Lía Sormani. Imágenes amorosas
María Teresa Andruetto / Liliana Menéndez, El árbol de lilas, Córdoba, Comunic-Arte Editorial, 2006. Por Nora Lía Sormani

Literatura > Poesías
Poemas Elegidos I - Primera Canasta
Selección de poemas de libros que llegaron a nuestro programa, realizada por Patricia Díaz Bialet. Poemas de Fermín Anastasio Grisalde, Yadi María Henao, Esteban Nicotra, Ana María Pedernera, Emilce Strucchi.




 


             
 
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